Domus Horta Vella

El yacimiento de L’Horta Vella se localiza en la partida homónima del término municipal de Bétera, al sudeste del casco urbano. Se trata de una zona en l que predomina la abundancia de agua y las fértiles tierras, factores que, unidos a su posición macrogeográfica (a medio camino del trayecto entre Saguntum y Edeta-Llíria y al Norte del territorium de Valentia), hacen del lugar un enclave idóneo para el control y explotación de dicho territorio en todas las épocas. En cuanto al entorno arqueológico, la comarca natural donde se inserta l’Horta Vella, en época romana altoimperial, aparece densamente ocupada, a juzgar por los numerosos restos asociados a villae rústicas, que sólo ahora empiezan a ser objeto de estudio.

Desde finales del siglo I o principios del II comienza la época principal del yacimiento, para finalizar a mediados del siglo III. A este momento pertenece gran parte de las estructuras conservadas: más de 11
habitaciones de diferentes dimensiones y funcionalidad. Varias de éstas formaron parte de una típica instalación termal que se sitúa en el extremo Este de la intervención. En cuanto a su disposición, los espacios documentados, de norte a sur son: en primer lugar, una habitación aproximadamente rectangular que hemos identificado con unas letrinas. Al sur de éstas, se localiza el apodyterium, apenas conservado, que daba paso al frigidarium del que se ha descubierto la piscina de más de 6 m2 de superficie. Al sur de la estancia fría se sitúa el tepidarium. A destacar que el muro que separa ambas estancias conserva una altura de 4,5 m que incluye el arranque de las bóvedas que las cubrían. En el muro que cerraba el tepidarium por el sur se halla el vano de comunicación con el caldarium, que ofrece un peor estado de conservación. En su extremo oriental se descubrieron en 2002 los restos de un
praefurnium. A estas dos últimas dependencias se suman por el oeste otras tantas habitaciones caldeadas provistas de hypocausta y una gran natatio separada de los baños calientes por un largo y estrecho pasillo. La piscina ocupa más de 60 m2 de superficie y se conserva en perfecto estado.

En el video siguiente se presentan gráficamente los elementos antes descritos y los materiales de construcción más relevantes.

Termas romanas

El nombre Terma es de origen griego (θερμός₌Thérmos₌caliente), significa caliente. La instalación del baño caliente procede del Gimnasio de la Antigua Grecia. El gran desarrollo urbano del imperio Romano impulsó a la transformación de casi toda la arquitectura. A pesar de la influencia griega, los romanos mostraron una gran capacidad innovadora y fué Cayo Sergio Orata (siglo I AC) quien desarrolló la estructura de terma romana documentada por Vitruvio en el siglo I DC. Las soluciones arquitectónicas más conseguidas fueron en espacios cerrados. Para poder levantar edificios colosales empezaron a emplear nuevas soluciones arquitectónicas como las bóvedas o las cúpulas y como materiales de construcción emplearon la piedra, el hormigón y el ladrillo.

Las estancias termales eran, dentro de la diversidad, similares en todo el Imperio. Normalmente constaban de las siguientes estancias:

  • Palestra: patio central al que se abrían todas las demás estancias y se podía practicar ejercicios físicos.
  • Tabernae: tiendas adosadas a las salas de baños donde se vendían bebidas y comida, que los vendedores pregonaban a grandes voces entre los bañistas.
  • Caldarium: baño de agua caliente, el alveus. Era la habitación más luminosa y adornada. En las grandes termas había incluso piscinas donde se podía nadar. En las más pequeñas, el baño se tomaba en bañera o depósitos de agua caliente llamados labra.
  • Frigidarium: sala destinada a los baños de agua fría. En las grandes termas el frigidarium estaba descubierto e incluía entre sus instalaciones una gran piscina donde poder practicar la natación (Natatio).
  • Tepidarium: habitación de temperatura tibia que preparaba al bañista para la de agua caliente.
  • Apodyterium: vestuarios. Habitación próxima al pórtico de la entrada donde los bañistas dejaban sus ropas. Había un banco corrido y en la pared unas hornacinas sin puertas, donde se depositaban las ropas y los objetos personales, que quedaban vigilados por un esclavo.

El calor se conseguía mediante un sistema de calefacción llamado hypocaustum. El término es griego y significaba “calefacción desde abajo”. Consistía en un horno calentado con carbón de leña llamado praefurnium que estaba construido debajo de una cámara especial. Irradiaba aire caliente que pasaba por una serie de túneles que se encontraban bajo las losas del suelo. El espacio hueco por debajo del suelo tenía unos 75 cm de altura. El suelo descansaba sobre pilastras de ladrillo. En este espacio pasaba el aire caliente y mantenía caldeadas las estancias de las termas.

Adicionalmente, en el caldario las paredes estaban calefactadas a través de tubos de barro cocido embebidos en las paredes (tubuli laterali), o por una doble pared (concameratio), por donde circulaba el aire caliente que venia del hipocausto

Opus reticulatum

Opus reticulatum
Imagen tomada en las termas de Mura en Lliria (Valencia)

Técnica de edificación de la arquitectura romana, en la que el encofrado del núcleo de «opus caementicium» se hace con paramentos de piedras en forma de rombo, unidas entre sí con un mortero. Esta disposición de las piedras con las líneas del mortero crea un diseño parecido a una red. La técnica ha sido empleada desde la primera mitad del siglo I a.C. como una evolución del «opus incertum» (conocido como opus quasireticulatum), con las piedras toscamente labradas en forma de pirámide cuya base cuadrada se dejaba a la vista y la punta se colocaba había dentro para favorecer el agarre con el «opus caementicium». Con el tiempo la forma y el tamaño se ha ido perfeccionando, empleando piezas completamente uniformes. En algunos casos las paredes se revestían con un mortero, aunque a veces se dejaban las piedras a la vista, combinando incluso piedras de diferentes colores. La técnica cayó en desuso a partir del siglo II d.C. con la difusión del uso del «opus latericium» y el «opus mixtum».

El «opus caementicium» es un elemento fundamental a recrear en la construcción sostenible actual. Se trataba de una técnica de edificación de la arquitectura romana en la que se emplea un mortero hidráulico de cal o yeso mezclado con arena o puzolana, y fragmentos de piedra y/o de cerámica. A diferencia con épocas anteriores en las que los muros se construían en una sólo hoja, el «opus caementicium» constituía el núcleo de la construcción, con encofrados realizados con paramentos de piedras o de ladrillos. También se empleaban encofrados de madera que, una vez seco el opus caementicium, se retiraban, ampliando considerablemente las posibilidades constructivas (por ejemplo, en los arcos y bóvedas). En estos casos los muros se solían revestir con otro material. A veces el opus caementicium rellenaba los espacios entre un entramado reticulado de madera (opus craticium).

Es de reseñar que al adicionarle cenizas (teóricamente de volcán (Vesubio) se convertía en «opus signinum». Las cenizas se distribuian (gracias a su fino tamaño) entre los poros que aparecen en el fraguado del mortero y posteriormente reaccionan con el agua para dar «montmillorita» que cierra el poro haciéndolo impermeable y mejorando su resistencia. Este procesos e aceleraba cuando el agua es marina.

Los morteros de cal han tenido una aplicación muy amplia, sobre todo en obras de fábrica, pero también en revoques y colocación de azulejos. La dosificación está en función del tipo de cal y la aplicación que queramos darle al mortero. La dosificación se establece en volúmenes de las partes separadas por dos puntos, a la izquierda los volúmenes de cal, a la derecha de los dos puntos los volúmenes de arena. Por ejemplo, la dosificación 1:2 para revoques y muros delgados nos indica que utilizaremos un volumen de cal y dos de arena.

El agua de amasado para un mortero normal suele ser del 19 al 22% del volumen del material seco, aproximadamente la quinta parte del volumen total (sobre 1 metro cúbico de mortero seco utilizaríamos 200 l. de agua y 1 metro cúbico de cal hidráulica pesa 675 Kg). Un mortero de cal 1:3 da una resistencia a la compresión cercana a los 75 daN/cm2 y 10  daN/cm2 a la tracción, a los 28 días de su aplicación. Si el fraguado se realiza en inmersión en agua estos niveles se reducen a la tercera parte.