Opus reticulatum

Opus reticulatum
Imagen tomada en las termas de Mura en Lliria (Valencia)

Técnica de edificación de la arquitectura romana, en la que el encofrado del núcleo de «opus caementicium» se hace con paramentos de piedras en forma de rombo, unidas entre sí con un mortero. Esta disposición de las piedras con las líneas del mortero crea un diseño parecido a una red. La técnica ha sido empleada desde la primera mitad del siglo I a.C. como una evolución del «opus incertum» (conocido como opus quasireticulatum), con las piedras toscamente labradas en forma de pirámide cuya base cuadrada se dejaba a la vista y la punta se colocaba había dentro para favorecer el agarre con el «opus caementicium». Con el tiempo la forma y el tamaño se ha ido perfeccionando, empleando piezas completamente uniformes. En algunos casos las paredes se revestían con un mortero, aunque a veces se dejaban las piedras a la vista, combinando incluso piedras de diferentes colores. La técnica cayó en desuso a partir del siglo II d.C. con la difusión del uso del «opus latericium» y el «opus mixtum».

El «opus caementicium» es un elemento fundamental a recrear en la construcción sostenible actual. Se trataba de una técnica de edificación de la arquitectura romana en la que se emplea un mortero hidráulico de cal o yeso mezclado con arena o puzolana, y fragmentos de piedra y/o de cerámica. A diferencia con épocas anteriores en las que los muros se construían en una sólo hoja, el «opus caementicium» constituía el núcleo de la construcción, con encofrados realizados con paramentos de piedras o de ladrillos. También se empleaban encofrados de madera que, una vez seco el opus caementicium, se retiraban, ampliando considerablemente las posibilidades constructivas (por ejemplo, en los arcos y bóvedas). En estos casos los muros se solían revestir con otro material. A veces el opus caementicium rellenaba los espacios entre un entramado reticulado de madera (opus craticium).

Es de reseñar que al adicionarle cenizas (teóricamente de volcán (Vesubio) se convertía en «opus signinum». Las cenizas se distribuian (gracias a su fino tamaño) entre los poros que aparecen en el fraguado del mortero y posteriormente reaccionan con el agua para dar «montmillorita» que cierra el poro haciéndolo impermeable y mejorando su resistencia. Este procesos e aceleraba cuando el agua es marina.

Los morteros de cal han tenido una aplicación muy amplia, sobre todo en obras de fábrica, pero también en revoques y colocación de azulejos. La dosificación está en función del tipo de cal y la aplicación que queramos darle al mortero. La dosificación se establece en volúmenes de las partes separadas por dos puntos, a la izquierda los volúmenes de cal, a la derecha de los dos puntos los volúmenes de arena. Por ejemplo, la dosificación 1:2 para revoques y muros delgados nos indica que utilizaremos un volumen de cal y dos de arena.

El agua de amasado para un mortero normal suele ser del 19 al 22% del volumen del material seco, aproximadamente la quinta parte del volumen total (sobre 1 metro cúbico de mortero seco utilizaríamos 200 l. de agua y 1 metro cúbico de cal hidráulica pesa 675 Kg). Un mortero de cal 1:3 da una resistencia a la compresión cercana a los 75 daN/cm2 y 10  daN/cm2 a la tracción, a los 28 días de su aplicación. Si el fraguado se realiza en inmersión en agua estos niveles se reducen a la tercera parte.